El Château Keller, una joya neobarroca clasificada como monumento histórico, suscita admiración a pesar de sus más de 20 años de abandono. Su preservación milagrosa es un testimonio conmovedor de su historia.

Al llegar al lugar, constatamos que no somos los únicos visitantes; una fotógrafa inmortaliza a unos novios, añadiendo un toque de romance a este lugar cargado de historia. A pesar de este pequeño contratiempo, la visita resulta cautivadora, salpicada de descubrimientos inesperados como archivos y revistas de época, testigos silenciosos del glorioso pasado del castillo.
Solo podemos esperar que esta joya arquitectónica continúe beneficiándose de una preservación digna de su prestigio, incluso en ausencia de proyectos concretos de salvaguardia y rehabilitación. Sin embargo, es difícil no sentir cierta desazón ante la falta de luz natural que sumerge al castillo en una semi-oscuridad, privando así a sus visitantes de una experiencia completa e inmersiva.




