Este magnífico castillo belga, erigido en los años 1930, ha atravesado varias fases de uso notables. Después de la Segunda Guerra Mundial, sirvió como centro hospitalario para antiguos prisioneros de guerra y prisioneros políticos, antes de ser transformado en residencia para personas mayores.
En 1992, la propiedad, incluido el castillo Wolfenstein, fue cedida a la provincia. Desafortunadamente, en 2019, un incendio arrasó las bodegas que albergaban las salas de archivos, causando daños importantes. Desde entonces, el castillo ha perdido toda función oficial. A pesar de ello, su estructura está notablemente preservada, gracias en parte a su aislamiento geográfico y a la presencia de un edificio en actividad cercano, lo que disuade a los vándalos y saqueadores.

El acceso al interior del castillo ahora es más fácil gracias a una entrada creada por vándalos, aunque esto sea lamentable para la preservación del sitio. En el interior, algunos objetos y rastros de su ocupación pasada aún subsisten, evocando una época ya pasada. Sin embargo, el futuro del lugar sigue siendo incierto, ya que aunque fue puesto a la venta hace algunos años, no se ha observado ninguna evolución notable, probablemente debido a complicaciones administrativas o políticas.




