El Fuerte de la Cartuja, encaramado majestuoso en las alturas de Lieja, es mucho más que un simple monumento histórico: es un testimonio vivo de la defensa de la ciudad a lo largo de los siglos. Después de haber servido durante más de 150 años, este imponente fuerte está hoy abandonado, dejado a merced de la vegetación invasora y de los grafitis que adornan sus muros. Sin embargo, a pesar de su estado deteriorado, el fuerte y su parque permanecen abiertos gratuitamente al público, atrayendo la curiosidad de numerosos visitantes en busca de aventura e historia por descubrir.
La historia del fuerte de la Cartuja se remonta lejos. En 1124, canónigos de la Orden de Premontré establecieron un monasterio en estas mismas alturas de Lieja. En 1360, el monasterio pasó a manos de la Orden de los Cartujos, que le dio su nombre actual.
Sin embargo, el fuerte tal como lo conocemos hoy fue erigido en 1817, durante el período holandés. Fue nombrado en honor a la Orden de los Cartujos, cuyo legado perpetúa.

A lo largo de su agitada existencia, el fuerte ha desempeñado diversas funciones. Fue utilizado como simple cuartel a partir de 1891, luego transformado en prisión alemana durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió como hospital militar para el ejército estadounidense en 1944. Finalmente, fue reasignado como centro de instrucción militar belga.
En 1981, el fuerte fue oficialmente desactivado, y sus puertas se cerraron definitivamente en 1988. Desde entonces, esta fortaleza cargada de historia parece vigilar silenciosamente la ciudad, un vestigio impresionante del pasado que sigue cautivando la imaginación de quienes se atreven a aventurarse en sus tierras.




