El Gran Hotel del Markstein, que se convirtió en los años de posguerra (1914-1948) en la primera estación de esquí de los Vosgos, tiene una historia fascinante. Fue gracias a la iniciativa del señor Adolphe Schlumberger, un industrial de Guebwiller, que este ambicioso proyecto vio la luz.
La idea era construir un hotel de gran categoría, el famoso Gran Hotel, así como un segundo establecimiento, el Hotel Belle-Vue, con el fin de atraer a una clientela distinguida y rivalizar con los palacios de renombre mundial como los de Chamonix y St-Moritz en Suiza.
La construcción de estos hoteles fue una tarea monumental, realizada con pico y pala, durante un período que abarcó de 1927 a 1930. Estos establecimientos se convirtieron en puntos emblemáticos de la región, ofreciendo lujo y comodidad a los visitantes en busca de escapada en los magníficos paisajes montañosos de los Vosgos.

La agitada historia del Gran Hotel del Markstein continúa con su compra por la Caja de Retiro de Alsacia-Lorena, que lo explotó de manera esporádica. Posteriormente, el hotel fue ocupado por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el fin de las hostilidades, la Caja de Retiro de Alsacia-Lorena se fusionó con la SNCF, y la explotación del hotel se transformó en una colonia para aprendices, pero esta empresa no fue fructífera, y el hotel fue nuevamente abandonado.
En 1950, se creó un refugio llamado ABRI en las instalaciones del hotel para permitir a los turistas alimentarse. Sin embargo, esta explotación no resultó rentable, y el ABRI estuvo cerrado durante muchos años. Hacia 1960, la Asociación Turismo y Trabajo, bajo el amparo de la CGT, compró el Gran Hotel con el fin de crear un Centro de Vacaciones Populares. A pesar de aumentar la capacidad a 300 camas, las instalaciones deterioradas dificultaban la explotación de este Centro, que terminó por decaer.
Ante esta situación, la asociación creó una SCI (Sociedad Civil Inmobiliaria) con la colaboración de varios Comités de Empresa, algunos de gran envergadura nacional, como Air France. Se puso en marcha un plan de modernización ambicioso, que incluía la construcción de una piscina cubierta. El objetivo de la SCI era transformar el Gran Hotel en un centro a medio camino entre un hotel y un pueblo de vacaciones, ofreciendo 375 camas, habitaciones con todas las comodidades, un restaurante, un bar, así como salas de animación, conferencias y descanso, además de una escuela de esquí de fondo.
Tras su inauguración en mayo de 1972, el Pueblo de Vacaciones LAS CRESTAS vivió una década próspera, marcada por un equipo joven y dinámico y una dirección regional que integraba el pueblo en un contexto ecológico y social. Entre 1973 y 1985, el hotel acogió cada año entre 800 y 1000 jóvenes y jubilados, pero lamentablemente, la explotación era deficitaria.

Varios factores contribuyeron a esta situación, entre ellos la falta de seguros para continuar las inversiones y el desinterés del público por el turismo social. Además, se cometieron errores de gestión, especialmente con la pérdida de audiencia de la CGT, principal proveedor de TURISMO Y TRABAJO, que fue transformado en TOURISTA, una empresa dirigida por un director general.
A pesar de una ocupación completa en julio-agosto de 1987, no se realizaron las inversiones necesarias para poner el establecimiento a las normas de seguridad, lo que llevó a la decisión de la Comisión de Seguridad Regional de cerrar efectivamente LAS CRESTAS el 19 de junio de 1994.
El proyecto de relanzamiento, que requería importantes inversiones de las entidades públicas y de los copropietarios, lamentablemente no prosperó. En consecuencia, el hotel fue comprado por un promotor inmobiliario de Mulhouse, que planea transformarlo en apartamentos tipo residencia de recreo.




