HOSPITAL LOWELL AMOS

Hospital Lowell Amos - Limpiamos nuestros zapatos sucios por nuestras exploraciones tortuosas y arenosas. Detrás de nosotros, las cercas, los muros y los enrejados ya han sido superados. La imponente estructura aún se alza, una de las pocas que subsisten de este desastroso proyecto de rehabilitación.

En el interior, las oficinas administrativas son luminosas pero totalmente desiertas. Mesas desnudas, perchas vacías y armarios de archivo sin usar son los únicos vestigios que quedan de estas oficinas. En los pisos, las habitaciones, desprovistas de todo mobiliario, confirman el estado deplorable del hospital.

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Luego llegamos a la capilla, llevando con nosotros al guardián inquisidor del lugar. Una hermana médica nos guía hacia la contemplación de un Cristo sobre fondo azul, último vestigio de la grandeza pasada del edificio que lo alberga.

Luego, comenzamos el ascenso hacia el último piso del hospital. Sin saberlo, cada escalón que subamos hará retroceder las agujas del reloj del tiempo. En el rellano, hay que enfrentar el miedo ante la oscuridad de estas habitaciones abandonadas, congeladas en el tiempo. Las palabras de Plutarco resuenan en nuestras mentes: "La medicina prolonga la muerte".

El descenso a los sótanos oscuros y caóticos nos conduce a las salas de archivos. Allí, cientos de bobinas de imágenes médicas y expedientes médicos personales están almacenados, desafiando el secreto médico.

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