MANOIR PAVLOVICH

El manoir Pavlovich, antaño un suntuoso castillo de recreo erigido en 1863 bajo el reinado de Napoleón III, aún conserva las huellas de su glorioso pasado a pesar de su declive. En la planta baja, se dibujan los vestigios de una época pasada: una sala de billar, un comedor y una sala de recepción evocan los fastos de antaño. Dos escaleras, una majestuosa con un piano para el señor y la otra discreta para los sirvientes, dan testimonio de la jerarquía social que reinaba en estos lugares.

Adquirido por portugueses, el manoir conoció su destino trágico tras la violenta tormenta de 1999, que dejó daños insuperables para sus nuevos propietarios. Por falta de medios para emprender las reparaciones necesarias, el manoir fue abandonado a su triste suerte, entregado a los embates del tiempo y del olvido.

 

manoir pavlovich

Una empresa vino a recuperar los techos del piso, dejando atrás un contenedor que es testigo de la desolación que ahora reina en estos lugares. Los muebles, antaño testigos del esplendor pasado, yacen afuera, abandonados y desatendidos. Solo una máquina de pinball, milagrosamente preservada, parece esperar una mano para volver a jugar.

A pesar de su deterioro, el manoir Pavlovich sigue siendo un testigo fascinante de la historia, un vestigio de grandeza que suscita tanto asombro como tristeza. Se impone una visita prudente, porque incluso en su estado ruinoso, el manoir aún desprende un aura cautivadora, testimonio de un pasado ya ido pero nunca olvidado.

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