La Villa Bella Kiss se distingue por su arquitectura singular, que incluye dependencias, una casa de guardián y un amplio parque que ofrece una vista impresionante del valle del Oise. Originalmente, era una finca suntuosa.
Sin embargo, los últimos residentes, una familia de joyeros armenios, abandonaron el lugar tras conflictos relacionados con la herencia.

Las dependencias se deterioran poco a poco, mientras que la casa del guardián ha perdido parte de su suelo. El parque, antaño majestuoso, es ahora una jungla invadida por la vegetación.
En cuanto a la villa, es una concha vacía donde las habitaciones, aunque modestas, están atravesadas por corrientes de aire. A pesar de ello, se han emprendido trabajos de renovación, dejando en el aire el misterio sobre su futuro.
Sin embargo, algunos elementos permanecen, como un magnífico techo artesonado, un suelo de espigas, una hermosa escalera de madera, un piano y una bonita vidriera sobre la puerta de entrada. Hoy en día, el lugar tiene un nuevo propietario y ya no es visitable.




